Por E.J. Graff
La propuesta republicana para volver a delimitar los mapas de los distritos electorales congresionales y conseguir más escaños en la Cámara de Representantes ha provocado una reacción en cadena, lo que ha suscitado una controvertida ola bipartidista de redistribución de los distritos a mediados de la década en los Estados Unidos.
Esta ola está impulsada por dos factores principales: en primer lugar, la Corte Suprema de los Estados Unidos ha emitido una serie de fallos que hacen que sea mucho más difícil impugnar los esfuerzos partidistas de redistribución de distritos electorales, junto a otros fallos que también han restringido las protecciones para la representación de los votantes de minorías. En segundo lugar, el presidente Trump ha pedido a varios estados liderados por los republicanos que rompan el ciclo habitual de redistribución de distritos electorales que se realiza una vez cada diez años antes de las elecciones intermedias de 2026, y algunos estados liderados por los demócratas han tomado medidas para contrarrestar esos esfuerzos con nuevos mapas propios.
Este año, los periodistas locales que cubren las elecciones en varios estados se enfrentan a un panorama electoral reconfigurado. Asimismo, en todo Estados Unidos, los periodistas cubrirán la posibilidad de una nueva redistribución de los distritos antes de la votación de 2028.
La investigación independiente y no partidista puede ayudar a los periodistas a entender cómo funciona la redistribución de distritos electorales, los métodos científicos para determinar la equidad, el impacto histórico de las tácticas de redistribución de distritos electorales y, en particular, el papel de las legislaturas partidistas en el proceso.
Algunos estados utilizan comisiones independientes para tomar decisiones con relación a la redistribución de los distritos electorales. Sin embargo, en la mayoría de los estados, los legisladores estatales electos son responsables de trazar los límites para los distritos electorales estatales y congresionales.
Dado que el partido que gane el control de la legislatura estatal puede tener el poder de volver a trazar los mapas de los distritos, en cualquier momento, de manera que las futuras elecciones se inclinen a su favor, las elecciones legislativas estatales de 2026 “van a ser de enorme importancia”, afirmó Christopher Warshaw, profesor de Políticas Públicas de la Universidad de Georgetown que estudia la política estadounidense y se especializa en derecho electoral.
Esta guía de cobertura periodística le ayudará a entender cómo llegamos hasta aquí; por qué y cómo ocurre la redistribución de los distritos electorales; qué es la manipulación de distritos electorales, cómo funciona y por qué está permitida; cómo miden los politólogos la manipulación de distritos electorales; qué dicen las investigaciones sobre su impacto; y el proceso particular de redistribución de distritos electorales de su estado. Además, obtendrá excelentes ideas para artículos y recomendaciones para sus coberturas periodísticas, guiadas por investigadores que han estudiado el tema durante décadas.
En julio de 2025, el presidente Donald Trump solicitó al gobernador republicano de Texas y a la legislatura estatal dominada por los republicanos que volvieran a trazar los límites de lo distritos congresionales para ayudar a que se elijan a más republicanos para el Congreso. Así lo hicieron.
Desde entonces, muchos otros estados han hecho o están considerando hacer lo mismo, ya sea para ayudar a los republicanos nacionales a retener el control de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos o para contrarrestar la medida de Texas al aumentar las perspectivas de los demócratas.
Por ejemplo, en California, que cuenta con una comisión independiente de redistribución de distritos electorales desde 2010, el gobernador demócrata y la legislatura dominada por los demócratas pidieron a los votantes que aprobaran una iniciativa que otorgaba temporalmente a los legisladores el poder de trazar un mapa de redistribución de distritos que favoreciera a los demócratas, a fin de contrarrestar la manipulación de los distritos electorales de Texas. La propuesta fue aprobada el 4 de noviembre de 2025 y ese nuevo mapa está listo para las elecciones intermedias de noviembre.
Desde el verano de 2025, nueve estados han vuelto a trazar sus mapas congresionales mediante la legislación o referendos: Alabama, California, Florida, Luisiana, Misuri, Carolina del Norte, Ohio, Tennessee y Texas. Además, se modificó el mapa de Utah para cumplir con una orden judicial. La mayoría de estos estados están controlados por republicanos que pretendían hacer que los mapas fueran menos favorables para los candidatos demócratas.
Durante el mismo período, los esfuerzos de redistribución de los distritos electorales fracasaron debido a condiciones políticas o impugnaciones judiciales en los estados controlados por los republicanos, incluidos Georgia, Indiana y Carolina del Sur, y estados controlados por los demócratas como Maryland y Virginia.
En algunos casos, se están realizando esfuerzos legislativos, litigios o referendos para cambiar estos resultados, si no es para 2026, será para 2028. La Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales (NCSL, por sus siglas en inglés) cuenta con un rastreador extremadamente útil que muestra qué estados han intentado la redistribución de distritos electorales en este ciclo a mediados de la década y cuál es la situación de esas iniciativas en un momento determinado.
Dos casos judiciales importantes en 1964 establecieron una norma que llevó a la mayoría de los estados a volver a trazar sus mapas cada diez años.
En el caso referente Wesberry contra Sanders, la Corte Suprema dictaminó que cada distrito de la Cámara de Representantes del Congreso debe incluir aproximadamente la misma población que cualquier otro distrito de ese estado para garantizar que el voto de cada ciudadano tenga el mismo peso.
En otro caso, Reynolds contra Sims, la Corte emitió una sentencia similar con respecto a cada distrito legislativo estatal.
Desde entonces, los estados suelen volver a trazar los límites de los distritos cada diez años, después de que el censo de los EE. UU. determine la población actual de cada estado y condado y, por lo tanto, cuántos miembros del Congreso se asignan a cada estado.
A veces, un juez estatal o federal puede ordenar que se tracen nuevos distritos debido a la infracción de un principio legal o constitucional estatal o federal en un mapa de distritos existente, pero, generalmente, decidir cuándo y cómo volver a trazar los límites geográficos de los distritos electorales depende de un organismo estatal oficial.
Los estados también pueden decidir volver a trazar sus límites a mediados de la década, ya que la ley federal no lo prohíbe. Sin embargo, hasta hace poco, esa práctica era poco frecuente en este siglo. Antes de la actual ola de redistribución de distritos electorales, solo dos estados habían vuelto a trazar sus mapas a mediados de la década para beneficiar a un partido en particular desde 1970: Texas en 2003 y Georgia en 2005, según un análisis del Pew Research Center.
De hecho, la mayoría de las legislaturas estatales no solo trazan los límites de distritos para las elecciones federales, sino que también lo hacen para sus propios escaños legislativos a nivel estatal. El politólogo Barry Burden, director del Centro de Investigación Electoral de la Universidad de Wisconsin-Madison, explicó: “Estados Unidos es esencialmente el único país del mundo que permite a los políticos partidistas trazar límites de distritos” para sus propios escaños y, de hecho, seleccionar a sus propios votantes.
Cada estado traza los límites de sus propios distritos, elige su propio método para trazarlos y establece sus propios requisitos constitucionales, legislativos y legales sobre cómo pasar, revisar, aprobar, anular y juzgar un mapa de distritos. Estos aspectos pueden diferir mucho de un estado a otro.
La práctica histórica y que, con frecuencia, ha sido criticada e impugnada judicialmente, para la redelimitar la distribución de los distritos electorales con la intención específica de dar una ventaja a un partido político, a un político o a un grupo de votantes en particular, se conoce comúnmente como “manipulación de los distritos electorales” (también llamada “manipulación electoral” o “gerrymandering” en inglés). El término proviene de una caricatura política donde se burlan de un mapa de Massachusetts de 1812 diseñado para ayudar a un partido, promulgado como ley por el entonces gobernador. Elbridge Gerry, que incluía un distrito de forma extraña que un observador pensó que se parecía a una salamandra.
Los límites de los distritos se pueden volver a trazar de varias maneras para fortalecer o diluir el poder de voto del otro partido. El Instituto de Matemáticas y Democracia de Wellesley College, independiente y no partidista, ofrece gráficos útiles para explicar varios métodos de manipulación de los distritos electorales, que incluyen:
Si bien durante gran parte de la historia de este país ha tenido lugar la manipulación de los distritos electorales, esta se vio limitada en parte cuando el Congreso aprobó la Ley de Derechos Electorales de 1965, una legislación histórica que tenía como objetivo permitir a las personas de raza negra votar en jurisdicciones en las que se les había impedido hacerlo en forma violenta durante casi un siglo después de la ratificación en 1870 de la 15.ª Enmienda, que prohibía negar a las personas el derecho a votar debido a su raza.
En las últimas décadas, la Corte Suprema ha emitido una serie de fallos que hacen que sea mucho más difícil impugnar la manipulación de distritos electorales en los tribunales federales, ya sea que esté relacionada con la raza o no.
Cuando el Congreso reautorizó la Ley de Derechos Electorales en 1982, prohibió explícitamente cualquier procedimiento electoral que produjera la reducción de la capacidad de cualquier grupo racial de “elegir a los representantes de su preferencia”, independientemente de si eso era lo que pretendían los legisladores.
Durante cuatro décadas, los tribunales federales, incluida la Corte Suprema, interpretaron que esto significaba que, en determinadas circunstancias, los estados deben trazar distritos por mayorías-minorías, de modo que los votantes de raza negra constituyan una cantidad suficiente del electorado como para tener la oportunidad de votar por los representantes de su elección, y no tener el poder de elección “diluido” al estar dispersos en varios distritos. La Ley de Derechos Electorales, en otras palabras, exigía que los legisladores tuvieran en cuenta la raza al trazar los distritos.
Sin embargo, en casos anteriores, la Corte Suprema también había determinado que la raza no podía ser el criterio predominante que se tuviera en cuenta al volver a trazar un mapa de distritos, lo que creó una tensión legal que influyó en el caso Luisiana contra Callais.
En 2024, Luisiana trazó un segundo distrito congresional con mayoría negra (el primero existía desde la década de 1970) después de que un tribunal inferior dictaminara que su mapa anterior probablemente infringía la Ley de Derechos Electorales. En el caso Louisiana contra Callais, la Corte Suprema revocó la interpretación del tribunal inferior y declaró que cuando Luisiana trazó un nuevo distrito para garantizar que los votantes de raza negra dominaran en dos distritos, el mapa era “una manipulación de distrito electoral racial e inconstitucional”.
Esta fue una decisión que benefició a los republicanos. Las encuestas anuales del Pew Research Center confirman que los votantes de raza negra votan predominantemente por los demócratas. Como resultado, los distritos con mayoría negra habían sido distritos confiables para los candidatos políticos demócratas. Tras la decisión de la Corte Suprema en el caso Luisiana contra Callais, varios estados del sur tomaron medidas para desmantelar los distritos con mayoría negra y, por lo tanto, aumentaron la probabilidad de que esos distritos enviaran republicanos al Congreso.
Entre 1986 y 2019, en varios casos que condujeron a la decisión Rucho contra Common Cause, varios jueces de la Corte Suprema sugirieron que la Corte podría estar dispuesta a declarar la inconstitucionalidad de la manipulación partidista de los distritos electorales, si hubiera alguna forma de medir la injusticia de esta.
Los científicos propusieron varios métodos estadísticamente sofisticados. La “brecha de eficiencia” es una de las más utilizadas y estudiadas. Cabe destacar que la Associated Press ha utilizado esta medida para analizar las ventajas partidistas en elecciones anteriores del Congreso.
Desarrollada por el politólogo Eric McGhee y el experto en derecho Nicholas Stephanopoulos, la brecha de eficiencia se basa en el concepto de “votos desperdiciados”, según el cual cualquier voto que no contribuya a la victoria se considera “desperdiciado”.
Un voto se “desperdicia” de dos maneras: o se emite a favor de un candidato perdedor o se emite a favor de un candidato ganador que supera el umbral del 50 % más un voto necesario para garantizar esa victoria, ya que en ninguno de los casos el voto contribuyó a la victoria del candidato.
En un artículo útil publicado en 2018 en el Washington Post, el politólogo Barry Burden explica el concepto en un lenguaje sencillo: “La ‘brecha de eficiencia’ refleja si un plan de redistribución de distritos electorales posiblemente tiene un sesgo en contra de un partido al hacer que ese partido desperdicie más votos que el otro”.
McGhee, quien ahora se desempeña como investigador principal del Instituto de Políticas Públicas de California y es autor o coautor de algunos de los artículos y medidas de redistribución de distritos más citados, explica que la investigación sobre la redistribución de distritos electorales se ha centrado durante mucho tiempo en cómo medir y definir los distritos “justos”. Por “justos”, se refiere a los distritos en los que diferentes tipos de votantes (no solo por partido político, sino por diversas medidas demográficas, como el nivel de ingresos, la ocupación, el origen étnico, etc.) tienen la oportunidad de elegir a un representante político que comparta sus puntos de vista.
En una revisión exhaustiva y ampliamente citada de 2020 acerca de la investigación en ciencias políticas sobre la manipulación partidista de distritos electorales que abarca más de 30 años, McGhee señala que, durante más de 30 años, una gran cantidad de investigaciones en ciencias políticas estudió la siguiente pregunta: “¿Cómo definimos una manipulación partidista de distritos electorales de una manera que sea justa, clara, que sea acorde a las disposiciones de las leyes vigentes y evite la modificación excesiva de los planes de redistribución de distritos electorales en todo el país?”
Sin embargo, en su serie de decisiones desde 2019, “la Corte Suprema ha dejado todo eso a un lado”, afirma McGhee. Si bien los estados individuales pueden tener leyes y decisiones judiciales sobre la redistribución de distritos, “la ley federal no impone restricciones”, afirma.
En un artículo publicado en el Washington Post en marzo de 2025, unos meses antes de que el presidente Trump instara a Texas a volver a trazar sus mapas, Stephanopoulos, McGhee y Warshaw informaron que, si bien las mediciones de la brecha de eficiencia revelaron un sesgo republicano a lo largo de las décadas de 2000 y 2010, la Cámara de Representantes, en promedio, no mostró ninguna inclinación partidista general en ninguna dirección en 2022 y 2024.
“La evaporación del sesgo de la Cámara de Representantes es un hito, pero puede que dure poco”, escribieron. “Algunos estados podrían volver a trazar sus distritos a mediados de la década”.
Según un análisis de datos realizado por Nate Cohn, analista político jefe del New York Times, hasta mayo de 2026, los republicanos habían sacado una ventaja lo suficientemente importante que: “En la actualidad, la ventaja para los republicanos de redelimitar los distritos electorales les permitiría perder el voto popular en 2.5 puntos porcentuales y aun así ganar el control de la Cámara de Representantes”.
Si bien es posible que la Corte Suprema haya llegado a la conclusión de que las medidas estadísticas, como la brecha de eficiencia, no son suficientes para establecer un estándar legal federal, la investigación científica puede ayudar a los periodistas a comprender y evaluar las luchas por la redistribución de los distritos electorales a nivel estatal, donde realmente se efectúa la redistribución de distritos.
Por ejemplo, al utilizar el método de medición de la brecha de eficiencia, los politólogos Devin Caughey y Christopher Warshaw han demostrado el impacto de la manipulación de los distritos electorales con pruebas estadísticas detalladas.
Citan la historia de la redistribución de distritos electorales de Wisconsin como ejemplo en su libro de 2022 Dynamic Democracy: Public Opinion, Elections, and Policymaking in the American States (Democracia dinámica: opinión pública, elecciones y formulación de políticas estatales de Estados Unidos).
De acuerdo con la brecha de eficiencia, cuando los republicanos captaron el gobierno estatal en 2010, volvieron a trazar los límites de los distritos de manera que les dieran una mayor ventaja electoral. Al mismo tiempo, la Legislatura aprobó leyes que restringen el acceso al aborto y se negó a ampliar los beneficios de Medicaid en virtud de la Ley de Cuidado de Salud Asequible, a pesar del amplio apoyo público para su expansión.
“La reacción contra estas políticas ayudó a los demócratas a lograr avances políticos”, escriben, “pero no pudieron superar la manipulación de distritos electorales republicana de 2011-2012, que casi duplicó la ventaja del Partido Republicano en cuanto a votos desperdiciados”. En resumen, la manipulación de distritos electorales no solo permitió a los republicanos aprobar políticas no populares, sino que también descarriló la retroalimentación electoral negativa que milita en contra de cambios políticos importantes y no populares”.
Las comisiones de redistribución de distritos electorales representan distritos estatales y federales en varios estados, entre los que se incluyen Alaska, Arizona, California, Colorado, Idaho, Michigan, Montana, Nueva Jersey, Nueva York, Virginia y Washington. La NCSL brinda un gráfico que muestra cuándo y cómo cada estado con una comisión de este tipo la adoptó, ya sea mediante una enmienda constitucional, una decisión legislativa, una iniciativa de los votantes o alguna combinación de las anteriores.
La investigación puede ayudar a los periodistas a comprender si los mapas trazados por las comisiones conducen a resultados diferentes de los elaborados por las legislaturas estatales.
Por ejemplo, en la publicación “Do Redistricting Commissions Avoid Partisan Gerrymanders?” (¿Las comisiones de redistribución de distritos evitan la manipulación partidista de distritos electores?) de “American Politics Research” en 2021, Robin Best y sus coautores muestran que poner a las comisiones a cargo de la redistribución de distritos no necesariamente eliminará los mapas partidistas. Los investigadores examinan los mapas de distritos elaborados por siete comisiones de redistribución de distritos electorales en el ciclo de redistribución de distritos de 2010. Llegan a la conclusión de que “tres de las siete comisiones obtuvieron resultados sospechosos que redundaron en beneficio de uno u otro partido: a favor de los demócratas en Arizona; a favor de los republicanos en Nueva Jersey y Virginia”.
El artículo de 2023 del politólogo Matthew Nelson “Independent Redistricting Commissions Are Associated with More Competitive Elections” (Las comisiones independientes de redistribución de distritos están asociadas con elecciones más competitivas), publicado en PS: Political Science & Politics, compara los resultados electorales en los estados donde las legislaturas trazan límites de los distritos con los de los estados que utilizan comisiones independientes. A partir de datos de 1982 a 2018, concluye que “las comisiones independientes tienen 2.25 veces más de probabilidades de celebrar elecciones competitivas y reducen las victorias de los partidos en ejercicio en un 52 %”.
Los investigadores también han estudiado las actitudes del público respecto a las comisiones independientes. En “Ends versus Means: Public Opinion on Congressional Redistricting” (Los fines contra los medios: la opinión pública sobre la redistribución de distritos congresionales), publicado en el Election Law Journal en 2024, los autores descubrieron que entre las personas que sabían qué método utilizaba su estado para la redistribución de distritos electorales, la satisfacción era mayor en los estados que utilizaban comisiones independientes.
Sin embargo, en un nuevo documento de trabajo titulado “The Nature and Consequences of Public Views about Election Administration in their States” (La naturaleza y las consecuencias de las opiniones públicas sobre la administración electoral en sus estados), que se está revisando actualmente en una revista académica, Burden, Jacqueline Qiu y Caroline Tolbert concluyen que esas opiniones difieren según el punto de vista político. Escriben: “Entre los ‘muy liberales’, casi el 80 % prefiere un comité no partidista o bipartidista para gestionar la redistribución de distritos electorales, pero entre los ‘muy conservadores’, solo una mayoría absoluta sostiene este punto de vista, y un tercio preferiría un proceso más partidista bajo el control de la legislatura estatal”.
Dicho esto, como escriben los autores, “el público desconoce en gran medida cómo se manejan realmente los controvertidos asuntos de la administración electoral y la redistribución de distritos electorales en sus estados”.
Dada la falta generalizada de información sobre la redistribución de distritos electorales, simplemente explicar el proceso y las reglas de redistribución de distritos de su estado podría ser un artículo de servicio útil.
Teniendo eso en cuenta…
Para los periodistas que cubren las elecciones intermedias, es importante conocer los detalles del proceso de redistribución de distritos electorales de su estado para saber si se cumplen las normas y leyes. Puede obtener más información sobre las reglas de cada estado en All About Redistricting, un examen detallado y comprensible sobre el tema realizado por Justin Levitt, profesor de la Facultad de Derecho de Loyola y experto en elecciones. El Proyecto de Redistribución de Distritos Electorales de los Estados Unidos ofrece gráficos útiles con un historial de qué organismo de cada estado ha trazado los distritos desde 1961 en adelante.
Aspectos importantes que debe saber:
A continuación, las definiciones de los criterios se citan directamente de la página “Redistricting Criteria” (Criterios de redistribución de distritos electorales) de la Conferencia Nacional de Legisladores Estatales. Los números dados se refieren a los estados que los exigen para los distritos congresionales; los requisitos de redistribución de distritos electorales pueden diferir para trazar los límites de los distritos legislativos estatales. Algunos requisitos frecuentes incluyen:
Burden señala que, en muchos casos, estos requisitos y expectativas comunes entran en conflicto entre sí. Por ejemplo, un encargado de trazar los mapas puede crear un mapa que reúna a varias comunidades agrícolas, para darles voz en la legislatura estatal, pero hacerlo implicaría cruzar dos condados y el resultado sería un distrito largo con forma de habichuela en lugar de una bonita mancha compacta.
A continuación, presentamos algunas recomendaciones e ideas de reportajes sobre la redistribución de distritos electorales para periodistas locales, guiadas por las ideas de los investigadores entrevistados para este artículo.
En una publicación en su sitio web titulada “All about Redistricting” (Todo sobre la redistribución de distritos), Levitt escribe: “Contar a las personas en su última dirección conocida antes de ser encarceladas, donde prácticamente todas las personas regresan cuando salen de prisión, confiere la representación de comunidades enteras sin distorsiones indebidas”.
La NCSL cuenta con una tabla que detalla cómo 15 estados han reasignado la población carcelaria a los distritos en los que habían vivido antes de ser encarcelados, en virtud de qué ley y en qué año. Este artículo de 2019 de Stateline examina los problemas y los efectos de esta redistribución de la población.
Acerca de la autora: E.J. Graff es periodista, autora y editora galardonada cuyo trabajo ha aparecido en publicaciones como The New York Times Magazine, Foreign Policy, Mother Jones, The Nation, Newsweek y Politico. Durante nueve años, fue editora gerente de The Monkey Cage, una columna de ciencias políticas en The Washington Post. Ofrece asesoramiento editorial y consultoría a académicos de ciencias sociales y publica el boletín “How to be American” (Cómo ser estadounidense).
Esta es una lista de los expertos entrevistados para esta guía de cobertura periodística, junto con las razones por las que fueron elegidos.
El politólogo Eric McGhee es uno de los expertos más citados en materia de redistribución de distritos electorales. McGhee ha publicado en todas las principales revistas de ciencias políticas, creó la medida de gerrymandering (manipulación de distritos electorales) más utilizada en esta disciplina, y con frecuencia testifica o presenta escritos de amicus curiae sobre la redistribución de distritos electorales y otros procesos electorales.
Christopher Warshaw es considerado uno de los principales expertos en redistribución de distritos electorales y en el grado en que las elecciones y los resultados de las políticas públicas reflejan las preferencias de los ciudadanos comunes; su trabajo es ampliamente citado y con frecuencia recibe becas y subvenciones de gran prestigio; ha escrito sobre estos temas en un lenguaje accesible en medios como The New York Times y The Washington Post; y testifica ante comisiones y tribunales sobre el tema.
Justin Levitt enseña derecho constitucional y derecho electoral; su guía en línea sobre la redistribución de distritos electorales es clara, informativa, detallada, fácil de entender y ampliamente citada por institutos de políticas públicas; se desempeñó como el primer asesor principal de política para la democracia y el derecho al voto de la Casa Blanca, entre 2021 y 2022; y testifica ante el Congreso, las legislaturas estatales, y los tribunales federales y estatales.
Barry Burden es un experto ampliamente citado en redistribución de distritos electorales y temas relacionados, y ha publicado en todas las principales revistas de ciencias políticas; en la Universidad de Wisconsin-Madison, dirige el Centro de Investigación Electoral y ocupa la Cátedra Lyons Family en Política Electoral; ha escrito artículos claros e informativos en periódicos y en sitios sin fines de lucro, como The Washington Post y el blog de Brookings Institution.
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