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El calentamiento global causado por el ser humano ha aumentado la frecuencia, el tamaño, la intensidad y la duración de los eventos de calor extremo. Lo que antes eran eventos muy raros, ahora se están volviendo frecuentes.
Datos para cualquier reportaje
- El calor extremo es la forma más letal de fenómeno meteorológico extremo en los Estados Unidos, responsable de más muertes que los huracanes y las inundaciones juntos; más del doble de muertes que los tornados y más de cuatro veces las ocasionadas por el frío extremo.
- Las olas de calor se producen con tres veces más frecuencia que en la década de 1960: aproximadamente seis al año en comparación con dos al año. Algunos datos recientes sugieren que el aumento ha sido incluso mayor.
- El promedio de días entre mayo y septiembre con al menos una gran ola de calor en las latitudes medias y altas del norte se duplicó entre la década de 1980 y la de 2010, incrementándose de 73 a 152. Para la década de 2010, todos los días de esos cinco meses, excepto 10, tuvieron dos o más olas de calor simultáneas en esas latitudes, lo que, para esos días, representa un aumento de siete veces comparado con la década de 1980 y es significativo porque las olas de calor simultáneas aumentan de manera considerable el estrés sobre los ecosistemas, la agricultura y los servicios públicos. Durante el mismo período, la extensión geográfica de las olas de calor coincidentes aumentó un 46 % y el día más caliente del año con olas de calor coincidentes llegó a ser 17 % más caluroso.
- La ola de calor que azotó el noroeste del Pacífico en la última semana de junio de 2021 rompió récords de calor en docenas de lugares. En Quillayute, Washington, la temperatura alcanzó los 110 grados Fahrenheit, superando el récord anterior por 11 grados. Según un análisis, esa ola de calor habría sido prácticamente imposible en ausencia del calentamiento global causado por el ser humano.
- A nivel mundial, la frecuencia mensual de calores extremos aumentó 90 veces entre 2011 y 2020 en comparación con el período entre 1951 y 1980: los eventos de calor extremo que se desvían considerablemente de la norma en una región determinada (llamados eventos 3 sigma) ahora afectan, en promedio, al 9 % de la superficie terrestre en cualquier momento. En la última década, los meses que rompieron récords de calor ocurrieron ocho veces más a menudo de lo que se esperaría sin el calentamiento global. Con el continuo cambio climático, es probable que la frecuencia de estos episodios de calor intenso se incremente aún más, con riesgos particulares para algunas regiones importantes productoras de alimentos.
- Las noches de verano se han calentado a un ritmo que casi duplica el de los días de verano en Estados Unidos—un cambio que agrava los efectos en la salud porque las noches calurosas reducen la capacidad del cuerpo de recuperarse de los días calurosos. El porcentaje de la superficie terrestre continental de EE. UU. que experimenta temperaturas nocturnas anormalmente altas aumentó del 5 % al 40 % en las cuatro décadas comprendidas entre 1970 y 2010.
- Además del calor más extremo, la humedad también está aumentando en algunas regiones, como en el este de los Estados Unidos. Esto supone un riesgo adicional para la salud porque la humedad interfiere con la capacidad del cuerpo de enfriarse a través de la evaporación del sudor. Una temperatura de 90 grados Fahrenheit con un 80 % de humedad se percibe como una temperatura de 113 grados Fahrenheit.
- Las personas más vulnerables a las enfermedades y muerte relacionadas con el calor son los niños pequeños, los ancianos, las personas con enfermedades crónicas, los estudiantes atletas que practican al aire libre, quienes trabajan al aire libre, los habitantes de las ciudades y las personas que no tienen aire acondicionado (o que no funciona debido a los cortes de energía).
- Hallazgos recientes sugieren que el cambio climático está alterando la circulación atmosférica, como la corriente en chorro, lo que provoca que los patrones climáticos persistentes se queden estancados, aumentando así la duración y los efectos dañinos de las olas de calor.
Errores comunes que se deben evitar
Ya no se puede afirmar que “ningún fenómeno meteorológico extremo puede atribuirse al cambio climático causado por el ser humano”, algo frecuente en reportajes anteriores sobre olas de calor y otros fenómenos extremos. Los más de 200 estudios revisados por pares que han sido publicados hasta la fecha contribuyen a que la ciencia de la atribución (que puede determinar la contribución del cambio climático causado por el ser humano a olas de calor individuales y otros fenómenos extremos) sea cada vez más creíble y merezca un reportaje minucioso.