Más de la mitad de los adultos estadounidenses y alrededor del 30 % de los niños estadounidenses informan que toman vitaminas u otros suplementos dietéticos, lo que impulsa una industria de $40,000 millones al año que, según la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), ha colocado 80,000 o más productos en el mercado. Los médicos recomiendan suplementos de vitaminas y minerales para las personas mayores, las mujeres embarazadas y otras poblaciones en riesgo de sufrir deficiencias nutricionales específicas. Sin embargo, hay poca evidencia de que los suplementos beneficien a las personas generalmente sanas y algunos estudios han identificado posibles daños. Las variaciones en la forma en que las personas absorben los nutrientes y la adición rutinaria de vitaminas y minerales a varios alimentos comunes complican las evaluaciones de los posibles beneficios y riesgos de los suplementos. Además, los fabricantes de suplementos no tienen que demostrar la seguridad o eficacia de sus productos ni obtener la aprobación de la FDA para las afirmaciones, las listas de ingredientes o las dosis que figuran en sus etiquetas antes de comercializarlos. Todos estos factores crean un entorno complicado para que los consumidores tomen decisiones fundamentadas sobre su salud personal.